El debate sobre la pertinencia de ampliar la edad mínima para condenar a los jóvenes que cometen delitos está centrado en una reforma jurídica. Si se analiza, el problema no se limita a una ley o las prohibiciones, que en este país son bastantes. En el fondo es un problema cultural, dónde los jóvenes no tienen muchas aspiraciones y la educación no es precisamente una alternativa de progreso. Lo que prima es la ley del dinero y cuánto se tiene para darse lujos innecesarios y aberrantes que solo generan un comercio que empieza a atrapar a otros en un círculo vicioso donde todo se compra y todo se vende, hasta la conciencia.
La falta de valores es lo que tiene esta sociedad en decadencia. La juventud no tiene patrones de comportamiento, no hay quién les indique lo bueno y lo malo o en el peor de los casos este trabajo queda en manos de otros que más que un buen ejemplo, representan la antítesis del buen comportamiento y la ética.
En la sociedad colombiana los malos hábitos se han aceptado y se les ha dado un nombre bastante ambiguo "malicia indígena". Si usted no paga el bus, si pasa un billete "chiviao", si falsifica un papel o nunca devuelve lo que es suyo, es simplemente un "abeja". Dentro de ese mundo tan permisivo y unas leyes que piensan castigar hasta una insinuación, los jóvenes y lo que no los son tanto, tienen tantas alternativas que lo importante es vivir bajo la premisa de "no dejarse pillar" porque en el fondo todo es normal y lo peor es que todo está permitido.
El trabajo que tenemos pendiente es dejar de manejar la doble moral y comportarnos como un autorregulado grupo social, para eliminar del imaginario colectivo el hecho que el bueno es un pendejo y el malo hasta se vuelve leyenda (Pablo Escobar, el mono jojoy, Gacha, entre otros personajes), para esto también es necesario dejar de actuar como un grupo de personas que no aprenden a estar en comunidad sino que crecen en su propia individualidad, porque entonces la violencia se hace legítima, pues siempre habrá que defender lo que para mí está bien.
La falta de valores es lo que tiene esta sociedad en decadencia. La juventud no tiene patrones de comportamiento, no hay quién les indique lo bueno y lo malo o en el peor de los casos este trabajo queda en manos de otros que más que un buen ejemplo, representan la antítesis del buen comportamiento y la ética.
En la sociedad colombiana los malos hábitos se han aceptado y se les ha dado un nombre bastante ambiguo "malicia indígena". Si usted no paga el bus, si pasa un billete "chiviao", si falsifica un papel o nunca devuelve lo que es suyo, es simplemente un "abeja". Dentro de ese mundo tan permisivo y unas leyes que piensan castigar hasta una insinuación, los jóvenes y lo que no los son tanto, tienen tantas alternativas que lo importante es vivir bajo la premisa de "no dejarse pillar" porque en el fondo todo es normal y lo peor es que todo está permitido.
El trabajo que tenemos pendiente es dejar de manejar la doble moral y comportarnos como un autorregulado grupo social, para eliminar del imaginario colectivo el hecho que el bueno es un pendejo y el malo hasta se vuelve leyenda (Pablo Escobar, el mono jojoy, Gacha, entre otros personajes), para esto también es necesario dejar de actuar como un grupo de personas que no aprenden a estar en comunidad sino que crecen en su propia individualidad, porque entonces la violencia se hace legítima, pues siempre habrá que defender lo que para mí está bien.
