Mucho se ha hablado y leído acerca de la famosas Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y aunque se muestra como una necesidad para la transformación de la escuela, no termina de convencerme. Y les voy a decir porque.
En la mayoría de textos nos muestran a los maestros como unos primates de la tecnología, que no concebimos el mundo más allá del tablero y marcador, anquilosados y resguardados del cambio, temerosos de las nuevas tecnologías y sin ningún tipo de interés de hacer parte de la informática educativa.
Pues lamento defraudar a tantos eruditos y afirmarles que no todos somos así. Yo nací por fortuna en una década dónde la transformación de la informática se dió de forma vertiginosa. He crecido con ella y compartido todas sus fases.
Aprendí a utilizar el teclado QWERTY escribiendo en máquina de escribir y el mouse tuvo para mí significado cuando por fin llegó windows en su versión 3.11, que no pasaba de ser una aplicación del sistema operativo DOS. En ese trayecto me he gozado la evolución de los sistemas operativos (con todo y sus complicaciones) y del software de aplicación, que hizo presencia en mi vida con el uso del ya poco conocido wordperfect.
Más adelante pude disfrutar de aplicaciones un poco más complejas que surgieron luego de un adelanto significativo a nivel de hardware. Discos duros y memorias RAM de mayor capacidad, teclados multimedia, pantallas de mayor resolución, entre otros cambios que siguen presentándose. Todos estos avances claro está, se encuentran asociados a un fenómeno que se aparta de la idea de una "supercomputadora" con múltiples funciones, es más bien una evolución del mundo en el marco de una convergencia tecnológica (término al que me referiré en otra entrada). Un claro ejemplo de ello son las famosas redes sociales, cuya intervención en el mundo es evidente, basta ver lo que suciedió con la campaña de Obama gracias al uso de facebook.
Además puedo afirmar que fuí uno de los pioneros en el uso del correo electrónico cuando su capacidad no excedía siquiera los 500MB. Sin contar con otras aplicaciones de internet que antes parecian un sueño.
Así que no admito y no admitiré nunca que sea yo, aquel maestro resignado y poco amable con esas transfomaciones tecnológicas. Este fenómeno nació conmigo y lo tendré que llevar a cuestas porque simplemente ya es parte de mi vida.
Aprendí a utilizar el teclado QWERTY escribiendo en máquina de escribir y el mouse tuvo para mí significado cuando por fin llegó windows en su versión 3.11, que no pasaba de ser una aplicación del sistema operativo DOS. En ese trayecto me he gozado la evolución de los sistemas operativos (con todo y sus complicaciones) y del software de aplicación, que hizo presencia en mi vida con el uso del ya poco conocido wordperfect.
Más adelante pude disfrutar de aplicaciones un poco más complejas que surgieron luego de un adelanto significativo a nivel de hardware. Discos duros y memorias RAM de mayor capacidad, teclados multimedia, pantallas de mayor resolución, entre otros cambios que siguen presentándose. Todos estos avances claro está, se encuentran asociados a un fenómeno que se aparta de la idea de una "supercomputadora" con múltiples funciones, es más bien una evolución del mundo en el marco de una convergencia tecnológica (término al que me referiré en otra entrada). Un claro ejemplo de ello son las famosas redes sociales, cuya intervención en el mundo es evidente, basta ver lo que suciedió con la campaña de Obama gracias al uso de facebook.
Además puedo afirmar que fuí uno de los pioneros en el uso del correo electrónico cuando su capacidad no excedía siquiera los 500MB. Sin contar con otras aplicaciones de internet que antes parecian un sueño.
Así que no admito y no admitiré nunca que sea yo, aquel maestro resignado y poco amable con esas transfomaciones tecnológicas. Este fenómeno nació conmigo y lo tendré que llevar a cuestas porque simplemente ya es parte de mi vida.
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