
Estoy aterrado de lo traumatico que se ha vuelto el hecho de enfermarse, tanto en el sector público como en el privado. Si a alguna persona, por ejemplo le da gripa debe llegar a su lugar de trabajo con una constancia médica o en su defecto una incapacidad indicando la fecha de la consulta y la cantidad de dias que faltará al trabajo, siendo en la mayoria de casos solo uno (el día que fue a la consulta).
Algunos pensarán en lo trivial de mi reclamo. Pero es que para obtener una constancia médica hay que dirigirse a un hospital y compartir con personas en peores condiciones de salud y claras complicaciones. De cualquier forma con moribundos y medio alentados es necesario esperar un tiempo, que parece eterno, para ser atendido por un médico que no lo va a curar, ni tampoco le va entregar la preciada constancia. Él solo se encarga de valorar su urgencia e indicar si realmente requiere una atención inmediata o no. En términos médicos usted es atendido inmediatamente solo si se encuentra a un paso de morirse. Ahora seria muy obvio pensar en como debemos ser atendidos los que por fortuna no asistimos por casos tan críticos.
Y al final de ese viacrucis se vuelve insoportable cuando al revisar el reloj se hace evidente que ha transcurrido un tiempo considerable, incluyendo horas de sueño. Tanta espera nos hace dudar sobre la pertinencia de asistir al médico por una simple gripa. Más cuando después de recibir por fin la preciada incapacidad, nos exigen autorizarla.
Es más fácil quedarse en casa, atendido como rey por una persona menos experta pero más apacible y amable. Lamentablemente la excusa casera no es válida porque hoy en día no se valora la palabra de nadie.
Algunos pensarán en lo trivial de mi reclamo. Pero es que para obtener una constancia médica hay que dirigirse a un hospital y compartir con personas en peores condiciones de salud y claras complicaciones. De cualquier forma con moribundos y medio alentados es necesario esperar un tiempo, que parece eterno, para ser atendido por un médico que no lo va a curar, ni tampoco le va entregar la preciada constancia. Él solo se encarga de valorar su urgencia e indicar si realmente requiere una atención inmediata o no. En términos médicos usted es atendido inmediatamente solo si se encuentra a un paso de morirse. Ahora seria muy obvio pensar en como debemos ser atendidos los que por fortuna no asistimos por casos tan críticos.
Y al final de ese viacrucis se vuelve insoportable cuando al revisar el reloj se hace evidente que ha transcurrido un tiempo considerable, incluyendo horas de sueño. Tanta espera nos hace dudar sobre la pertinencia de asistir al médico por una simple gripa. Más cuando después de recibir por fin la preciada incapacidad, nos exigen autorizarla.
Es más fácil quedarse en casa, atendido como rey por una persona menos experta pero más apacible y amable. Lamentablemente la excusa casera no es válida porque hoy en día no se valora la palabra de nadie.