lunes, 26 de marzo de 2012

LO DURO DE VOLVER A ESCRIBIR

Confieso que hace mucho tiempo que no realizo un ejercicio constante de escritura. Debería ser habitual, por no decir natural, para un maestro la escritura. Sobre todo porque tenemos mucho que contar, nos enfrentamos a situaciones que lejos de ser cotidianas, son más bien por momentos únicas e impredecibles y no son necesariamente ligadas a la práctica docente. Se dan por la simple interacción con colegas, directivos, estudiantes que ante todo son seres humanos con particularidades, convertidas luego en defectos o cualidades.

Los maestros prestamos atención de muchos detalles. No puedo negar que de la misma forma, somos el centro de miradas y comentarios, una consecuencia lógica de ubicarse al frente de una agrupación de personas. Observamos, o al menos yo si lo hago, las diversas maneras en que se dan las relaciones entre los estudiantes, Como sabuesos rastreamos una mirada displicente a punto de convertirse en un estruendo de ira con un pequeño y a veces atinado llamado de atención. Somos temerarios del conflicto, ya que así no queramos participamos de él como provocadores u observadores pero a la final como conciliadores. Brindamos soluciones inmediatas a problemas con una profundidad desconocida, más encaminadas a "alivianar" el ambiente que a brindar una ayuda profesional especializada.

He querido realizar muchos escritos, pero no me animaba porque me imagino por un lado con un erudito a mi espalda criticando cualquier oración desatinada, señalando con un gesto de desaprobación una intención jamás pronunciada. Por otro un experto en gramática y ortografía vigilando meticulosamente linea por linea los errores emergentes de un hábito que no tengo. Y finalmente un gregorio (el de Kafka) inmóvil en una esquina justo donde convergen paredes y techo, sin más que hacer, ensimismado lamiendo sus patas y con un profundo miedo de exponerse.

jueves, 15 de marzo de 2012

OLPC





LIBRO: Cultura digital en América Látina