Los maestros prestamos atención de muchos detalles. No puedo negar que de la misma forma, somos el centro de miradas y comentarios, una consecuencia lógica de ubicarse al frente de una agrupación de personas. Observamos, o al menos yo si lo hago, las diversas maneras en que se dan las relaciones entre los estudiantes, Como sabuesos rastreamos una mirada displicente a punto de convertirse en un estruendo de ira con un pequeño y a veces atinado llamado de atención. Somos temerarios del conflicto, ya que así no queramos participamos de él como provocadores u observadores pero a la final como conciliadores. Brindamos soluciones inmediatas a problemas con una profundidad desconocida, más encaminadas a "alivianar" el ambiente que a brindar una ayuda profesional especializada.
He querido realizar muchos escritos, pero no me animaba porque me imagino por un lado con un erudito a mi espalda criticando cualquier oración desatinada, señalando con un gesto de desaprobación una intención jamás pronunciada. Por otro un experto en gramática y ortografía vigilando meticulosamente linea por linea los errores emergentes de un hábito que no tengo. Y finalmente un gregorio (el de Kafka) inmóvil en una esquina justo donde convergen paredes y techo, sin más que hacer, ensimismado lamiendo sus patas y con un profundo miedo de exponerse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario